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José Antonio "el Carbonero"

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José Antonio Bayona junto a Alejandro Campoy del Museo de oficios antiguos de Sena.   Los surcos de la historia de un pueblo los trazan sus vecinos. Unos van y vienen y otros permanecen siempre allí, pegados a su tierra, a sus haciendas y a sus casas, dejando la huella de su paso en la memoria como dejan las cosas, los objetos, las herramientas, los elementos cotidianos que caen en desuso con el tiempo y se convierten en piezas del museo de la vida de sus gentes que explican la historia del trabajo en el campo, en los talleres y en las casas.  Museos que no existirían sin la aportación desinteresada por la cultura de algunas personas que guardan las cosas, las reparan y pulen, como hace José Antonio “el Carbonero”, poco a poco, discretamente, sin bulla y que mostró en una excelente exposición etnográfica que cautivó a vecinos y visitantes haciéndoles revivir momentos e historias de su pasado a los más mayores y aportando conocimiento con sus explicaciones a los más jóvene...

Rincones y esquinas

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  La vida de un pueblo está gravada en la memoria de sus vecinos. También en sus calles, en sus rincones, en sus casas, y en las esquinas que giramos caminando hacia nuestros quehaceres cotidianos, descubriendo la emoción de los recuerdos de lugares y personas que añoramos, alegrándonos con el encuentro inesperado de un amigo, un conocido o una vecina que hace tiempo que no saludamos. Esquinas de nobles infanzones y esquinas de antepasados que se fueron dejando profunda añoranza. Esquinas con aroma a tabaco, rincones botánicos que refrescan los paseos veraniegos, esquinas de sastrerías antiguas y viejas esquinas de piedra que contrastan con modernas construcciones que reflejan el progreso de las gentes. Esquinas con arcos que saludan a los viajeros que visitan el pueblo, rincones coloridos con gatos que buscan las sombras en las mañanas de agosto y esquinas que andan solitarias en este año de vírica plaga que nos aísla . Rincones y esquinas con flores que alegran la vista, a...

Tormentas de verano

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Foto: jberniz En este lugar de extensos rastrojos abrasados y huertas colmadas de frutas, la naturaleza se muestra soberbia exhibiendo amaneceres de colores entre la bruma húmeda del alba y con atardeceres de nubes de algodón que se alzan siniestras en lejanos horizontes oscuros. Como esta tormenta vírica que amenaza las gentes, obligando a tomar medidas rigurosas que malmeten la economía, las relaciones sociales y nos ha dejado sin piscina. Por si fuese poca la borrasca sanitaria que ha impedido la celebración de las fiestas locales de agosto, tan solo interrumpidas en la guerra civil del siglo pasado, día sí, día también, atruenan noticias que inculpan al rey emérito de cobrar ilícitas comisiones sin pasar por ventanilla, o sobre cajas ocultas sin el sello de la agencia tributaria que afectan a dirigentes de partidos políticos. Los alcagüetes y alparceros de turno charran y no acaban en los medios escritos, radiofónicos y tras las negras pantallas planas de los televisores, c...

Agosto

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En el mes de agosto, llegando a Ballobar por el oeste, el viajero se deleita con los ocres y amarillos de los campos segados que se mezclan con remolinos de polvo que levantan los rebaños de rasa, ovejas sedientas por el calor que abrasa los montes sin sombra, manchados de espartos, ontinas, balluaca, cardos y sisallos, romeros, restojos recientes, coscojas, artos y ginestas que extienden su fragancia aliviando los calores del camino. El verde de los pinos señala las cuestas que acercan al pueblo dejando atrás la sinuosa pendiente, reflejando el verde obscuro del parque de La Sierra, en la cara norte de la ripa. Ya en el llano, divisando las primeras casas del pueblo con la ermita en lo alto, el agua del riego acaricia los primeros rayos de sol entre las acacias, álamos de hojas plateadas y adelfas sonrosadas, algún ciprés solitario, abetos, pinos y tamarizas que van refrescando al caminante junto al barranco. Un jardín fresco que relaja el visitante en los ...

Máscaras

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Cuando pasan las horas sofocantes de las tardes de este verano extraño sin piscina, cerrada a cal y canto por motivos de salud pública, y el aire se llena de nuevo con el sonido alegre de los gorriones y de aromas dulces de las huertas, algunos vecinos se reúnen en los patios y en rincones de las calles sin tránsito que permiten un rato de tertulia placentera antes de la cena o, más tarde, al oreo de la noche estrellada. Se comentan los últimos decretos de confinamiento, el precio de los prescos, la cosecha de patatas, si la perdiz crió como se esperaba, la alarmante situación económica del país o si el Huesca subirá a primera. Las charretas femeninas, con temas propios de conversación, es un suponer más cercanos y entrañables dedicados a la familia, los nietos, las amarguras propias y las ajenas, la conserva del tomate, los líos sentimentales locales, o no, y todo aquello que distraiga la mente por un rato del duro trabajo en la casa, en el campo o en la empresa. Horas de palique...

La vieja Petri

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Después de un tiempo dedicado a la historia local con la publicación reciente del texto "Aljeceros. Ballobar 1914-1953", uno siente la necesidad de cambiar de actividad y retomar la afición a la fotografía. Una afición que ya me ocupó hace tiempo cuando las imágenes se fijaban en una película recubierta de bromuro de plata, enrollada en una cápsula, que había que revelar para obtener el negativo que se proyectaba sobre un papel fotosensible, y revelar y fijar con productos químicos en una habitación oscura con la única ayuda de un piloto de luz roja. Pero, como la tecnología avanza una barbaridad y las cámaras de carrete ya han quedado anticuadas –no por sus cualidades, sino porque ahora se toman las imágenes en sensores digitales que no necesitan revelado, evitando que la casa apeste a pentaclorofenol, ácido acético y pentaclorofenolato— uno casi se siente obligado a que su vieja Petri presida desde la vitrina el alejado recuerdo del tiempo de los negativos y pasarme, muy...

Luvias de otoño

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Amanita ovoidea (cat. Farinera) en la Sierra. Amanece oscuro y el cuerpo se resiste a vencer el decúbito lateral derecho. La lluvia silencia el canto alegre de los gorriones y repiquetea monótona en la terraza entre los tiestos de olivos, agaves y adelfas. Este viene siendo un otoño extraño sin cierzo, sin nieblas y con más agua de la acostumbrada que anega los campos haciéndolos impracticables para la siembra, la recolección de las olivas y para los amantes de patear los campos con perro y escopeta. El caso es que la afición vence a la pereza y uno acaba echando la garra fuera de la cama y se preparara un café romano que le desperece. En estas condiciones de extrema humedad, si no fuese por darle gusto a la Diana hay días que uno se quedaba en casa. Y es que ver la expresión de alegría de la perrita cuando sabe que le espera una mañana de corretear por restojos verdecidos, linderas de ontinas, espartos, aliagas y artos, arriba y abajo sin descanso –que yo no sé de dónde saca...

Verano

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Foto de "cosas de Ballobar..." Cuenta la leyenda que Cristóbal era un cananeo de más de dos metros que ayudaba a los viajeros a cruzar el río. Ya en la Barcelona del s.XIX, el diez de julio, día de San Cristóbal, además de celebrar la fiesta de los conductores y cerrajeros se tenía por costumbre tomar un baño de mar, preferentemente al mediodía, que protegía a los bañistas de morir ahogados el resto del año. Sea como sea, el caso es que a finales de los cincuenta del siglo pasado la temporada de baño en las cálidas aguas del Alcanadre que refrescaban los juncos y escobizos se inauguraba, cada diez de julio, la temporada estival de baño en Ballobar el día que la leyenda atribuía buena suerte todo el año a quien viese al gigante cananeo paseando por las Ramblas barcelonesas portando un niño a sus espaldas hasta que su figura se desvanecía llegando a Canaletas. Los más jóvenes, sobre los siete u ocho años, nos iniciábamos en las aguas bajas cercanas a las herrerías haciend...

Cocinas

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El chef abocando las judías En estos días de debates electorales, los fogones de las empresas dedicadas a elaborar encuestas sacan humo. Como todo en la vida, las estimaciones de resultados hay que pasarlos por la cocina si queremos obtener un buen plato navideño “d’escudella”. “L’olla barrejada” en que se ha convertido la política catalana después de lo acontecido con la decisión senatorial de aplicar el 155 requiere de un buen chup chup de las encuestas para determinar el porcentaje correspondiente de los ingredientes concurrentes. Baldana de cebolla, morcilla de arroz, espinazo, patatas, fideos, garbanzos y jarrete de cordero puestos a cocer en una olla durante un par de horas con una col, un puerro, un puñado de judías y una pizca de azafrán de Les Garrigues proporcionarán, sin duda, las calorías necesarias, al menos hasta bien entrado este invierno si no se diera el caso que, resultando escasa, tuviese que cocerse otra “escudella” en primavera. Salida del sol con rosada...

Yermos

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Este otoño seco está dejando el campo deshabitado de perdices, sin agua y sin el cobijo fresco de unas matas verdecidas, como un erial polvoriento que convierte los montes en yermos estériles e invade los restojos y laderas de un silencio triste sin el canto de las cogulladas, como el silencio que arrasa la tierra vecina una vez que se haya aplicado un desconocido –por inusual— artículo de nuestra constitución que nadie sabía de su existencia y que, como una tisana balsámica, ha devuelto las ganas de ver el fútbol, de ir al cine los domingos o de charlar de cualquier cosa que no sea del monótono tema que imponían los informativos y tertulias cada día a la misma hora invadiendo las mesas, las casas, las mentes y hasta los sueños. Una pesadilla trágica con consecuencias carcelarias –con la escapatoria preventiva del ‘president’ emulando a Steve McQueen en “La Gran Evasión”, aunque sin la legendaria Triunph Trophy que le hubiese dado una dimensión más épica y digna de narrarse en c...