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Ánimas

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La cuadrilla Nada es lo mismo. Cuando era un niño, la noche de las ánimas –que se celebraba la misma noche de  todosantos  y no la noche anterior— se acostumbraba a poner en las ventanas de las casas una calabaza hueca, a la que se le habían perforado ojos y bocas, introduciendo en su interior una vela encendida creando una macabra cabeza. Por lo que he podido saber, esta era una costumbre o tradición de muchos pueblos aragoneses y que tenía su origen en una creencia ancestral consistente en iluminar el camino de las almas en el sendero hacia el más allá y no quedasen perdidas, evitando que el luminoso mundo de los vivos se mezclase con el cosmos tenebroso de los muertos. Que fuese una calabaza confitera, y no un melón, sólo tiene que ver con el tiempo en que maduraba en los huertos dicha cucurbitácea planta y cuya pulpa servía para enriquecer virtuosamente sabrosos enfarinoses y empanadones que se elaboraban en este tiempo de conjuros de brujas y hechiceros para ...

Aljeceros por el mundo. Sète

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Las últimas luces del atardecer penetraban por el ventanal del comedor cuando Manuel y Teresa recogían los platos de una cena sencilla mientras sus niños jugaban a “les joutes” con el palo de la escoba. Una tortilla de patatas que acompañaba una ensalada con atún y olivas negras había recuperado los cuerpos del largo caminar de aquella tarde de domingo. La familia había bajado al puerto para unirse a la multitud que se congregaba junto al Quai de la Résistance para ver los torneos medievales de las Justas de San Luis, mientras la brisa marinera refrescaba las gentes que abarrotaban los muelles adornados por nubes blancas que ascendían vertiginosas formando grandes masas de algodón y los niños corrían por los adoquines del muelle al divisar las primeras embarcaciones que aparecían bajo el Pont de la Civette para admirar los fornidos jóvenes vestidos de blanco, armados con lanzas y escudos de madera que imitaban a los caballeros medievales, luchando a bordo de barcazas de diez remeros ...

Aljeceros por el mundo. Terrassa

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Del fotògraf terrassenc Xavier Francino Como solía hacer cada noche después de fregar los cacharros de la cena, la Catalina salió a tomar la fresca con las vecinas. En el abrasador verano de 2015, las tertulias se iniciaban con los comentarios sobre las altas temperaturas que aletargaban los cuerpos que buscaban alivio en la noche y que el oreo del río no conseguía refrescar ni en las madrugadas. La Catalina de la   Lavandera   pasaba unos días de vacaciones en el pueblo con el   Pep   en una casa junto al río que heredó de la Felisa, una hermana soltera de su madre. Paseando por el puente junto a sus vecinas, el sordo rumor de las aguas que rompían en los cuchillos de piedra arrastraban palabras de nostalgia de otros tiempos. A los ocho años, la Catalina había marchado a Tarrasa en compañía de sus padres que habían conseguido, gracias a intervención de un pariente lejano, un empleo de fogonero, el padre, en la fábrica de ladrillos Almirall donde conoció a Ma...

Verano

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Los fuegos de final de fiesta. Agosto 2015 Foto: jberniz En la vida, uno tiene momentos de intranquilidad que preceden a la calma relajada de un otoño que se vislumbra entre los suaves atardeceres de septiembre. Las delicadas hojas de los álamos que brillan sobre el río trasladan esencias de girasoles y vendimias bajo el susurro alegre de su risa ensombrecida por las ripas. Ya se fueron las músicas del baile, el griterío de los pasacalles de charangas y dulzainas medievales, el olor anisado de las tortas horneadas, el aire espeso por el humo sulfuroso de los fuegos del infierno que saludan la luna en las noches de agosto y el olor a lúpulo y a pan tierno de la espumosa cerveza que invade las terrazas veraniegas. Todavía flotan en el aire los aromas abrasados de trigo y de cebada, el olor arcilloso de la tierra mojada por la tormenta de verano, la fragancia de tentadores perfumes orientales en las noches de fiesta y el esplendoroso aroma a chocolate que inunda la plaza en...

Oleo

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Pasada la medianoche, las humeantes notas de Proud Mary inundaban la estancia de penumbra artificial iluminada por los escasos vatios de una bombilla solitaria. Como la rueda de aquel vapor del Mississipi, el plato giratorio del fabuloso tocadiscos de Marcelo giraba sin descanso en aquella casa abandonada de la calle Alta convertida en bodega de bohemios, un poncho permanente que ocupaba la cuadrilla en las frescas noches del verano por la generosa aportación del amigo Paco del  Remundo . Estudiantes de letras, aspirantes a científicos, señoritas elegantes, artistas noveles, jornaleros de oficios, trasnochadoras sin rumbo y jóvenes con melena soñaban con aquella canción de libertad interpretada por Jhon Fogerty acompañando sus voces con un vaso de poncho entre las manos. Cuando la armónica de Keep On Chooglin traspasaba las neuronas relajadas por el humo dando entrada a la trepidante batería de aquella banda de rock, asomó por la puerta Pascual –un joven pintor acompañ...

Un verano de cine

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De buena mañana, los labradores trajinaban en las eras con las mieses y con los cañizos de las figas cuando las balas de los Mauser silbaban amenazantes en la atmósfera calurosa del barranco de la Tejería. El siniestro eco de los disparos alarmó la Casimira cuando bajaba al horno de la Marcelina con la tabla de los panes sobre la cabeza y la abuela de la Polla se sobresaltaba escobando la calle al mismo tiempo que, en La Barceloneta, alertada por los disparos, la Lustrosa huía espantada al solonar. A la voz del director “ se rueda, acción !”, el grupo de voluntarios dirigidos por Pedrito el Panadero, convertidos en protagonistas del transparente celuloide —vestidos con mono azul, correaje de cintura con hebilla dorada, alpargatas de tela, un gorro verde con borleta y armados con fusil de bípode y amenazante bayoneta calada— disparaban sin descanso, contra el enemigo las balas de fogueo que sobresaltaban los lagartos en su acecho silencioso y quebrantaban el somnoliento des...

Café

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La espesa boira de la mañana levantó hacia las once dejando un día soleado. Hacia las dos menos cuarto de la tarde, detrás de la cristalera biselada de la puerta de doble hoja se percibía ya el bullicio de los habituales parroquianos del café. Tras el largo mostrador de madera situado a la derecha del local, el señor Pablito manipulaba con destreza y sin descanso las empuñaduras nacaradas de las palancas de la Gaggia, una cafetera de tres módulos con cuerpo de pulido acero que brillaba bajo uno de los arcos de ladrillo rojo que decoraban la pared y poniendo cuidadosa vigilancia en el reloj de la presión del vapor del calderín. Su experiencia y predisposición le permitían preparar la consumición de los clientes habituales con solo divisar la boina, la ferreta o el bigote del parroquiano que entraba por la puerta; antes que el recién llegado diera las buenas tardes ya tenía el carajillo o el café y la faria encima de la mesa. Aquel sábado, dos de enero del sesenta y cinco, el local est...

El Sanjuanero

Hacia las cinco de la tarde, grises nubarrones asomaban por el oeste del altiplano de San Juan. El Sanjuanero, un ermitaño enjuto y triste que tenía el encargo de avisar en caso de tormentas, agarró la cuerda con firmeza e hizo sonar con enérgicos toques la campana de la ermita en lo alto de aquella montaña del mismo nombre que ocultaba las inciertas amenazas que podían presentarse por el poniente. Más abajo, en el valle de los ríos, los campesinos iniciaron la retirada dejando sus labores de hortelanos mientras las lavanderas recogían a toda prisa las ropas mojadas en sus baldes de cinc, los bañistas de la fuente se apresuraban a salir del agua al tiempo que los abuelos de los mentideros abandonaban sus fábulas guerreras y los gorriones se escondían bajo las tejas de las tapias de adobes. La intensa luz de junio se desvanecía poco a poco cuando los apresurados campesinos cruzaban renegando el puente de piedra sobre el Alcanadre hacia sus casas. En un periquete apareció la ventisca to...

Puentes

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Llegados a primeros de noviembre, la actividad laboral clásica se ha paralizado un par de días –tres días los más afortunados por el puente— y eso se ha dejado notar en el pueblo. Las razones de tantos desplazamientos son más que obvias y no hace falta extenderse en ellas. Son días de perennes recuerdos que, al margen de creencias personales, nos aproximan a los familiares y amigos desaparecidos en el camino de la vida. En una visita temprana a un pequeño camposanto cercano constaté, no obstante, que los caminos del más allá , al igual que los de la vida no son iguales para todos. En este lugar, la mayoría de los difuntos disponían de un habitáculo aproximado de dos metros cúbicos –apilados de cuatro en cuatro en dos laterales del recinto a modo de gradas, para el viaje eterno, mientras el resto de la superficie del terreno era ocupado por cuatro tumbas de grandes dimensiones con tapa de granito, con amplio espacio alrededor bordeado de alto seto, bien cortado, que ilustraban el orig...

"Suiza"

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El día comenzó con sueño. Como era de esperar, el cambio de hora trajo un desajuste en el descanso nocturno. Estas noches otoñales, en las que nos obligan a alterar el marcador de las horas, confunden el sueño y desajustan los cuerpos. A pesar de desactivar la función del cambio automático de la hora en el celular, éste cambió igualmente y me levanté con la hora nueva. Levantarte a una hora diferente a la planificada ya trastorna los sentidos y, el momento tranquilo del primer café en la cocina solitaria con las primeras noticias silenciosas del día en una tele con subtítulos para no despertar a los demás se realiza, ya, con cierto nerviosismo. Al paso que vamos, no será extraño que algún día de estos, leyendo los titulares de la prensa en la pantalla, aparezca mi nombre relacionado con una cuenta millonaria en un banco suizo transferida a toda prisa a una sucursal andorrana. Y es que, si no ponemos remedio, no va a quedar títere político con cabeza y vamos a tener que invertir en jue...