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El camino

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Este título, como comprenderán ustedes, no tiene nada que ver con las consideraciones espirituales de don Josemaría en su intento de llevarnos por senderos de oración, ni tampoco con la novela de mi admirado Miguel Delibes donde, como buen amante de la caza y la naturaleza, describe con maestría el descubrimiento de la vida y la transformación que sufre su protagonista –el niño Daniel “el Mochuelo”— en la Cantabria de posguerra, aunque eso de salir de madrugada hacia el pueblo en noviembre, con el ánimo puesto en asuntos de la caza menor con perro, tiene algo que evoca a nuestro maestro castellano en el relato de certeros lances de perdiz en las laderas de su querido Sedano. Amanecer en las ripas junto a los ríos. Foto: Cristina Allué Según el día amanezca con nubes recias de levante, con viento del oeste o con boira prieta en la ribera, el ánimo se torna conmovido, valiente o expectante. En su inicio, el camino transcurre entre semáforos y rotondas que orientan la mirada, cerc...

Vespera soltitialis

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Los músicos de Ensemble XXI La noche del pasado sábado –en Ballobar— nos sorprendió con la excelente actuación de Ensemble XXI, una moderna orquesta de cámara original de Monzón que deleitó a los presentes con un concierto de música clásica –“Danzas y leyendas”— en que las hadas de bosques encantados nos guiaban por senderos en sombras y nos conducían hasta a un universo de estrellas. Con la armonía de un movimiento planetario, las ordenadas notas de violines, violas, flautas, clarinetes, violonchelos, contrabajos, guitarras y la suavidad rítmica del joven percusionista hicieron vibrar las almas de un público entregado en la segunda noche saturnal del mes de septiembre. Como los nueve planetas del sistema solar, las misteriosas notas de los nueve músicos aragoneses giraron armoniosos dirigidos por la cálida guitarra de José Antonio Chic y reverenciaron los vitoreados aplausos a unos músicos entregados al arte. Un delicioso concierto, mejor para escuchar bajo las estrellas,...

Un chileno huevón entre las ripas

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Foto_ Judith Monclús Esto está peludo. Después del temporal, el día amaneció despejado por un viento del noroeste que ha dejado un cielo luminoso y transparente que permite la visibilidad a cientos de kilómetros; un cielo de un azul intenso que contrasta con el blanco de las nevadas crestas del Cotiella y del Monte Perdido, allá a lo lejos. Bajo mis pies se extiende una huerta hermosa verdecida por la primavera, las aguas limpias de los ríos que reflejan temblorosas los álamos de la orilla y las calles y tejados de las casas que se extienden a los pies de la montaña. Antes de bajar a la cortada, ingiero una aspirina para evitar el mal de cabeza  que causa este viento del demonio en las alturas colgado de un arnés. Da lata pero no conviene arrugarse; y eso sin contar con las nubes de polvo de las perforaciones que se filtra por todos los rincones del cuerpo a pesar de las gafas, los cascos para los oídos  y del traje de seguridad. Son las diez de la mañana del dos de a...

Oleo

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Pasada la medianoche, las humeantes notas de Proud Mary inundaban la estancia de penumbra artificial iluminada por los escasos vatios de una bombilla solitaria. Como la rueda de aquel vapor del Mississipi, el plato giratorio del fabuloso tocadiscos de Marcelo giraba sin descanso en aquella casa abandonada de la calle Alta convertida en bodega de bohemios, un poncho permanente que ocupaba la cuadrilla en las frescas noches del verano por la generosa aportación del amigo Paco del  Remundo . Estudiantes de letras, aspirantes a científicos, señoritas elegantes, artistas noveles, jornaleros de oficios, trasnochadoras sin rumbo y jóvenes con melena soñaban con aquella canción de libertad interpretada por Jhon Fogerty acompañando sus voces con un vaso de poncho entre las manos. Cuando la armónica de Keep On Chooglin traspasaba las neuronas relajadas por el humo dando entrada a la trepidante batería de aquella banda de rock, asomó por la puerta Pascual –un joven pintor acompañ...

Un verano de cine

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De buena mañana, los labradores trajinaban en las eras con las mieses y con los cañizos de las figas cuando las balas de los Mauser silbaban amenazantes en la atmósfera calurosa del barranco de la Tejería. El siniestro eco de los disparos alarmó la Casimira cuando bajaba al horno de la Marcelina con la tabla de los panes sobre la cabeza y la abuela de la Polla se sobresaltaba escobando la calle al mismo tiempo que, en La Barceloneta, alertada por los disparos, la Lustrosa huía espantada al solonar. A la voz del director “ se rueda, acción !”, el grupo de voluntarios dirigidos por Pedrito el Panadero, convertidos en protagonistas del transparente celuloide —vestidos con mono azul, correaje de cintura con hebilla dorada, alpargatas de tela, un gorro verde con borleta y armados con fusil de bípode y amenazante bayoneta calada— disparaban sin descanso, contra el enemigo las balas de fogueo que sobresaltaban los lagartos en su acecho silencioso y quebrantaban el somnoliento des...

Café

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La espesa boira de la mañana levantó hacia las once dejando un día soleado. Hacia las dos menos cuarto de la tarde, detrás de la cristalera biselada de la puerta de doble hoja se percibía ya el bullicio de los habituales parroquianos del café. Tras el largo mostrador de madera situado a la derecha del local, el señor Pablito manipulaba con destreza y sin descanso las empuñaduras nacaradas de las palancas de la Gaggia, una cafetera de tres módulos con cuerpo de pulido acero que brillaba bajo uno de los arcos de ladrillo rojo que decoraban la pared y poniendo cuidadosa vigilancia en el reloj de la presión del vapor del calderín. Su experiencia y predisposición le permitían preparar la consumición de los clientes habituales con solo divisar la boina, la ferreta o el bigote del parroquiano que entraba por la puerta; antes que el recién llegado diera las buenas tardes ya tenía el carajillo o el café y la faria encima de la mesa. Aquel sábado, dos de enero del sesenta y cinco, el local est...

El Sanjuanero

Hacia las cinco de la tarde, grises nubarrones asomaban por el oeste del altiplano de San Juan. El Sanjuanero, un ermitaño enjuto y triste que tenía el encargo de avisar en caso de tormentas, agarró la cuerda con firmeza e hizo sonar con enérgicos toques la campana de la ermita en lo alto de aquella montaña del mismo nombre que ocultaba las inciertas amenazas que podían presentarse por el poniente. Más abajo, en el valle de los ríos, los campesinos iniciaron la retirada dejando sus labores de hortelanos mientras las lavanderas recogían a toda prisa las ropas mojadas en sus baldes de cinc, los bañistas de la fuente se apresuraban a salir del agua al tiempo que los abuelos de los mentideros abandonaban sus fábulas guerreras y los gorriones se escondían bajo las tejas de las tapias de adobes. La intensa luz de junio se desvanecía poco a poco cuando los apresurados campesinos cruzaban renegando el puente de piedra sobre el Alcanadre hacia sus casas. En un periquete apareció la ventisca to...